Miles de migrantes varados en la Ciudad de México continúan esperando pacientemente la oportunidad de realizar el trámite migratorio necesario para seguir su camino hacia Estados Unidos. En el campamento migrante ubicado en la Plaza de la Soledad, en la zona de La Merced, las historias de despedidas y añoranzas se entrelazan en esta Nochebuena.
Jenny Urbino, de Honduras, relata con voz entrecortada cómo este año pasará la Navidad lejos de sus hijos, con una mezcla de depresión y determinación. Su familia le da fuerzas para seguir adelante, aunque el menor de sus hijos le pide regresar a casa. La hondureña describe la festividad como algo ajeno en estas circunstancias.
Rosa Castillo, proveniente de Venezuela, comparte su soledad con dos de sus hijos, separada del tercero y con la esperanza puesta en la voluntad divina. A pesar de estar rodeada de pocas posesiones materiales, la fe en Dios y la rutina la ayudan a sobrellevar la situación.
Blanca Azucena, originaria de Honduras, se enfrenta a su primera Navidad lejos de su familia, trabajando en el bullicioso tianguis de la ciudad. Los recuerdos de cenas festivas y momentos felices en su país natal contrastan con la realidad de estar sola en una carpa en esta fecha especial.
A pesar de las circunstancias adversas, estos migrantes encuentran fuerzas en sus creencias y en la esperanza de un futuro mejor para ellos y sus seres queridos. La Nochebuena en el campamento migrante es un recordatorio de las dificultades y sacrificios que enfrentan en su travesía hacia un destino incierto.
