ntemente que pagaba una cuota mensual a una organización criminal para poder operar con tranquilidad en su huerta. Otros, en cambio, prefieren no ceder y arriesgar su seguridad y la de sus trabajadores. La incertidumbre es constante en un estado marcado por la violencia y la presencia de grupos armados. A pesar de todo, la economía de Michoacán depende en gran medida del aguacate, un producto muy demandado en Estados Unidos y cada vez en más países. Por eso, la suspensión temporal de las exportaciones fue un golpe duro para la región, que se vio obligada a detener su principal fuente de ingresos. Ahora, con la alerta levantada, se espera que todo vuelva a la normalidad y que la tranquilidad se mantenga a largo plazo. Sin embargo, la sombra de la violencia sigue presente y muchos temen que la calma sea solo temporal. Mientras tanto, los cortadores de aguacates como Francisco Isidro vuelven a trepar por los árboles con una sonrisa en el rostro, agradecidos de poder trabajar de nuevo y de que sus cosechas tengan un destino seguro.
