Diego Fernando Bonilla, un indígena ñuhú de 45 años originario de Veracruz, ha estado luchando por justicia desde que fue torturado por policías ministeriales hace dos años. El incidente ocurrió cuando visitaba a su amigo Adán Reyes en la comunidad de El Pericón, municipio de Texcatepec. Mientras charlaban y tomaban cerveza, un desconocido disparó a su amigo, dejando a Diego atónito en la oscuridad de la noche.

A pesar de no ver al agresor, Diego fue llevado a declarar a la Fiscalía en Huayacocotla, donde fue maltratado y obligado a firmar una declaración en blanco. Posteriormente, con la presencia de un intérprete oficial, Diego trató de relatar lo sucedido, pero tanto el fiscal como la intérprete no tomaron en cuenta su versión en lengua ñuhú y redactaron un testimonio en español que él no comprendía.

La única evidencia que la fiscalía tiene para mantener detenido a Silverio Reyes, hermano de la víctima y presunto agresor, es la declaración obtenida bajo tortura de Diego. El abogado Isaac Romero del Comité de Derechos Humanos de la Sierra Norte de Veracruz asegura que es una injusticia, ya que Diego nunca pudo identificar al agresor y fue manipulado para incriminar a alguien inocente.

Diego sigue exigiendo justicia y se niega a aceptar una versión fabricada de los hechos. Su caso pone de manifiesto la vulnerabilidad de la comunidad indígena frente a la falta de intérpretes y el abuso de autoridad por parte de las instituciones encargadas de hacer valer la ley en Veracruz, un estado con altos índices de violencia y tortura.

La lucha de Diego continúa en busca de la verdad y la justicia que tanto anhela. Su historia es un recordatorio de la importancia de proteger los derechos de las comunidades indígenas y erradicar la impunidad que prevalece en muchas instancias de seguridad pública en México.