rancho Izaguirre para que las familias de personas desaparecidas pudieran acceder y observar los trabajos de investigación. Sin embargo, lo que se encontraron las madres buscadoras fue muy diferente a lo que esperaban.
A pesar de la presencia de personal de la Fiscalía de Justicia de Jalisco, de la Policía Investigadora y de la Fiscalía Especializada en Personas Desaparecidas, nadie les brindó una explicación clara de lo que sucedía en el lugar. Las construcciones que servían como baño, los banderines de colores que señalaban indicios o evidencias, los hoyos en la tierra y la extraña estructura que parecía una fuente o alberca, dejaron a las madres buscadoras con más incógnitas que respuestas.
El colectivo Familias Unidas por Nayarit expresó su descontento y decepción por la falta de transparencia y respeto hacia las víctimas de la desaparición forzada. Elia Cervantes, del colectivo, denunció que la visita se convirtió en una especie de tour, como si el rancho Izaguirre fuera un museo o una locación de película, lo cual consideraron una burla y una simulación.
A pesar de la promesa de abrir el lugar a las familias de personas desaparecidas, lo ocurrido en el rancho Izaguirre evidenció una vez más la falta de sensibilidad y empatía de las autoridades hacia las víctimas. Las madres buscadoras siguen exigiendo verdad, justicia y la localización de sus seres queridos desaparecidos, pero parecen encontrar más obstáculos que apoyo por parte de las instituciones.
La lucha por encontrar a sus familiares desaparecidos continúa, mientras las madres buscadoras siguen enfrentando obstáculos y desafíos en su camino. La visita al rancho Izaguirre dejó en ellas un sabor amargo y una sensación de decepción por la falta de seriedad y compromiso en la investigación de los casos de desaparición forzada en el país.
